Los días previos a la salida mi cuerpo era un manojo de nervios. Una sensación que no puedo definir concretamente porque era una amalgama de sentimientos que discurrían en mi interior. Si pudiera compararlo con algo sería como la ilusión que puede tener un niño cuando se acerca el día de Reyes Magos y sabe que va a poder tener y disfrutar de aquello que tanto ha deseado y con lo que ha fantaseado durante tanto tiempo desde que se encaprichó, sumado a la sensación que puede tener un novio el mismo día de la boda mas la buena madre que espera ver a su hijo después de un tiempo de alejamiento. En definitiva, una intranquilidad que me quitaba hasta el sueño. Una ansiedad que iba tornándose más fuerte cuanto más se acercaba el momento de la partida.
No me considero una persona excesivamente católica pero uno de los motivos de este viaje fue la fe. Así que, como no podía ser de otra forma, el viaje comenzó un día antes de mi salida desde casa, en la Iglesia de Santiago Apóstol de Málaga.
Poca gente debe de haber salido en peregrinaje desde esta Iglesia cuando el párroco al que le comuniqué mi inmediato viaje me miraba con tal cara de asombro o, al menos, pocos desde que él dirige la parroquia. Él mismo fue quién me indicó dónde debía de adquirir la Credencial y ofreció una misa para hacer el envío del Peregrino. Un ceremonioso acto ante los demás fieles que atentos observan como un hermano en la fe emprende su propio viaje hasta el santo lugar de descanso del Apóstol Santiago.
A parte del religioso, otro de mis argumentos personales para tal viaje fue el deportivo y el de afán de superación. Me consideraba capacitado y con fondo suficiente para aguantar las quince etapas que me quedaban por delante y esa emulsión fe – deporte – superación – ilusión fue la que me otorgó toda la fuerza necesaria para llegar hasta el final, hasta la Plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela.
Los datos que voy a ir aportando capítulo a capítulo han sido recogidos por un único aparato de medición, un Garmin Forerunner 235. Estos quedan recogidos en su propia aplicación Garmin Connect y en la red social STRAVA, que al mismo tiempo traspasa los datos a la app RELIVE –desde hace un tiempo funcionan completamente por separado y la pelea entre ambas redes sociales me pilló en mi peregrinaje. Se puede observar que los vídeos de la 2ª y la 6ª jornada no ofrecen toda la info-, que es la que genera la monitorización de los recorridos. Es por eso que pongo los datos que registran todas esas aplicaciones. Las distancias kilométricas suelen ser bastante parecidas entre ellas y las que varian son las de altitud. Quiero precisar que cuando anoto altitud es el "acumulado" y no la altitud real sobre el nivel del mar.Los datos que pongo de Google son simplemente informativos puesto que no nos va a dirigir nunca por donde discurre el camino señalizado o nuestro libre albedrío y los propios errores son los que varían los datos mucho más fiables, aunque bastante dispares entre sí, que arroja un GPS "in situ". Con Google sólo podemos hacer una estimación.
Sinceramente, cuando los datos son, en ocasiones, tan diferentes, prefiero que se vean todos y poder así hacer una verdadera media. Pero todo esto no es más que por puro entretenimiento y dar una información un poquito fiable por si alguien quiere aventurarse a hacer un camino tan hermoso como es este, que no le pille nada de sorpresa o que, por lo menos, le sirva de guía.
Y ahora si… ¡Comienza el Viaje!


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