Todo viaje tiene su planificación más o menos exhaustiva y este no iba a ser
menos. Un viaje en bicicleta de unos quince días no se puede hacer a la ligera.
Se necesita de una serie de puntos previos de planificación a desarrollar para
que podamos solventar las diferentes eventualidades que nos puedan ir surgiendo
a lo largo de todo el trayecto. Y en un viaje como este, en el que, al menos,
en dos tercios de su recorrido la distancia de población a población es
bastante considerable, es mejor prevenir que lamentar.
Sin saber lo que me podía encontrar durante todo ese espacio
de tiempo que iba a durar el viaje preferí empezar a desarrollar y a dividir
por etapas el camino que ya había escogido con mucha anterioridad (algo más de
un año): el
Camino Mozárabe desde
Málaga.
Así pues, me lie a buscar por internet toda la información
que pude del Camino Mozárabe, por dónde transcurría y todo lo que necesitaría. Y
aunque la planificación es una cosa, el resultado es otro, porque siempre hay
variables que no se tienen en cuenta. Y así, de un viaje de quince días que
acabaría en Finisterre, acabó siendo un viaje, también, de quince días pero finalizando
en Santiago con la promesa de volver y poder llegar al fin de la Tierra… algún
día.
Sabiendo ya por donde tenía que ir no me quedaba otra que
empezar a planificar la economía. Había que tener en cuenta era el presupuesto
con el que tenía que contar. Por lo menos iba a necesitar dinero para los
albergues –que los hay de todo tipo de precios, desde gratis, como el de Villanueva
de Algaidas, otros que te piden una voluntad de entre 10 y 15€ (Fuenterroble de
Salvatierra -el Albergue del Padre Blas) y que considero razonable por todo lo
que ofrece y porque no podemos ir de gratis a todas partes- y en algunas
ocasiones, dependiendo del trayecto por el que fuese y, sobre todo en yendo en
bicicleta, iba a encontrar los albergues llenos y tendría que pernoctar en
pensión, hotel, casa particular, etc. Por lo tanto, y bajo toda esa
información, eché un cálculo de unos 25€ por día para alojamiento.
Otro punto a tener en cuenta eran las comidas. Iba a ir en
bicicleta muchos días seguidos y cuando al cuerpo le pides rendimiento no le
puedes ir racaneando en el combustible. No vas a ir todos los días de restaurante
porque sale muy caro, pero sabía que en cada pueblo hay un supermercado donde
podría proveerme. Así que también hay que contar con un fondo para gastos
alimenticios (Y si se me permite el consejo al lector, durante todo el camino
vamos a ir conociendo gente y al final llegaremos a la Plaza del Obradoiro con
nuevos amigos con los que seguramente nos iremos a comer y a cenar) por lo que,
de minuta, contaría con otros 25€ por día y con ese cálculo llegué a los 50€. Si alguien lee estas líneas pensará que es una barbaridad o que exagero, pero es que lo que no te gastas al principio lo haces al final, así que es mejor hacer un cálculo general y no "pecar" de austeridad.
Con todo eso ya sabía que para los quince días que iba a
durar el viaje necesitaría unos 750€ (es cierto, no es poco) y aun así arrimé otros 150€ “por lo que pudiera pasar”.
Lista la planificación monetaria (y recalco planificación,
porque el dinero no lo tenía) tocaba empezar a planificar la equipación.
Aun llevando bastante tiempo en el ciclismo era
completamente novato en la modalidad de ruta de larga distancia y no sabía ni
por dónde empezar a buscar todo lo que necesitaría. Busqué información por
internet y todo me llevaba siempre a la misma conclusión: no te gastes
demasiado dinero, si la experiencia no te gusta no habrás perdido tanto.
Y esa es otra gran verdad. Puedes tener unas expectativas, pero es el camino el
que hace saber a cada uno lo que le gusta y lo que no; lo que le va bien o lo
que le va mal; lo que hace de más o lo que hace de menos…
No voy a decir que no escatimé en gastos porque no es
verdad. Soy un “currante” como la mayoría de la gente e iba mirando “la pela”
con todas las compras que tenía que hacer:
1.
Las barras portaobjetos las tenía en casa de una
bici anterior, y como anclaban a la perfección en el cuadro de esta me ahorré
tener que comprar unas.
2.
Alforjas: 30€ más o menos y con una funda
elástica de plástico para cubrirlas por si llueve. Sabía que la lluvia no iba a
ser problema porque en Agosto, el único sitio donde me podía pillar el agua (a
no ser que tuviese demasiada mala suerte) sería en el Bierzo y/o Galicia. Y por
suerte me cogió un día nada más, desde primera hora saliendo del Hotel de
Sarria. Podía haber alquilado unas buenas y haberme salido algo más caras (y si lo llego a saber lo hubiera hecho, más adelante comentaré el error que cometí) o haber comprado unas de segunda mano en algún portal de venta de ocasión online (si alguien se ofrece a pagar por publicidad pondré aquí el nombre de su marca :) )
3.
Un bolso de manillar donde llevar barritas
energéticas, la cartera, llaves, etc.
4.
Un pequeño portaobjetos donde llevar el móvil a
la vista en el cuadro de la bici (por aquello de no llevar nada en los
bolsillos traseros del maillot y que quede empapado en sudor)
Y después de todo esto ¿quedan más cosas por comprar? Pues:
1.
Unos pasadores de seguridad para que no me roben
las ruedas ni el sillín (no hace gracia verse en esa situación que es factible que pase)
2.
una cadena antirrobo
3.
un eslabón rápido y un troncha cadenas
4.
cámaras de rueda con líquido anti pinchazos y
cámara de repuesto
5.
parches
6.
un cable de maneta de cambio
7.
una patilla de cambio de repuesto (si se te
dobla la patilla dile adiós al viaje y no es cara)
8.
bombonas de CO2 para el inflado de ruedas (el
bombín ocupa más)
9.
un juego de pastillas de freno
10.
luces delanteras y traseras (aparte de ser obligatorias
ayudan muchísimo a ver y a ser visto)
11.
como no tenía ningún miedo que viniese nadie a
llamarme globero -novato flipado- le puse una pata a la bicicleta por su practicidad. Porque
llegaba a cualquier parte, la bajaba y ahí se quedaba, de pie, sin moverse un
ápice y sin rayarse el cuadro ni picarse las manetas o los puños por un apoyo
indebido.
12.
los típicos acoples de manillar -o cuernos- para poder ir
cambiando de vez en cuando la postura, que también es de agradecer poder
asirnos mejor cuando emprendemos una subida que requiere de bastante esfuerzo y
hay que ponerse en pie o simplemente ir cambiando la posición para evitar el adormecimiento de las manos.
¿Quedaría algo más por comprar? ¡Pues claro que sí! Tantas horas en bicicleta
y sin nutrirse o hidratarse no es muy bueno. Lo recomendable es llevar sales o
pastillas isotónicas para el agua (yo llevaba dos bidones) y barritas
energéticas para ir comiendo cada hora, como mucho.
Obviamente, una semana antes de partir fui a mi mecánico de
confianza a que me pusiese a punto la bici tensando radios, mirando holguras y
engrasando ejes.
La bici no era -ni es- una súper bicicleta de las de dos mil euros para arriba. Ni mucho menos. La bicicleta es una sencilla, pero muy válida, GIANT TALON 4 de 2016 y sus componentes principales son:
1. Cuadro de aluminio ALUXX,
2. Ruedas de 27,5" con neumáticos lisos KENDA COAST 650B
3. Discos de freno de 160 mm
4. Manetas y pinzas de freno TEKTRO AURIGA
5. Pedales SHIMANO SPD M 530
6. Horquilla de suspensión SR SUNTOUR XCT 100 mm
7. Grupo 3x8 SHIMANO ACERA
Con toda esta planificación ya estaría preparado para
emprender el viaje con un alto porcentaje de éxito sin percances.
Sólo me faltaba algo. Una vez en Santiago tenía que volver. El coche de alquiler tendría que ser una furgoneta tipo
Berlingo o parecida. Pero salía carísimo al dejar el vehículo en otra localidad
que no era la de recogida y la verdad es que, siendo como soy, que me encanta
conducir, a día de hoy se seguro que no me hubiese apetecido nada volver
conduciendo en un trayecto tan largo. No es que estuviese extremadamente
agotado, pero lo que menos necesitaba era volver a estresarme tan pronto cuando
había conseguido llegar a mi propio nirvana… eso ya pasaría al llegar a Málaga.
Descartado el coche y topándome de morros con un anuncio de transporte
de bicicletas por Correos, bien embalada y adecuada no miré ni trenes ni
autobuses, directamente busqué una oferta de avión para dos días después de mi
previsión de llegada. He de reconocer que fue muy arriesgado el comprar billete
sin seguro de cancelación para un viaje de aventura que entraña sus riesgos,
pero no me importaba, “sabía” que iba a llegar… estaba convencido que todo iba
a salir bien.